Por qué empezar por el registro
Migrar sin inventario es como mudarte sin saber qué hay en cada caja. Todo llega, pero nadie sabe dónde quedó ni qué se rompió en el camino. La mayoría de los problemas de una migración no aparecen en la nube: aparecen en lo que nadie anotó antes de salir.
Lo que no está documentado antes del cambio, se descubre en producción.
Inventario de aplicaciones y servidores
Antes de mover una sola máquina, lista lo que existe hoy:
- Qué corre y dónde: aplicaciones, servidores, versiones y sistema operativo.
- Quién lo usa: áreas, horarios de uso y usuarios clave.
- Quién responde: un dueño técnico y un dueño de negocio por aplicación.
Dependencias que nadie ve
Las integraciones son la causa más común de caídas después de una migración. Documenta:
- Bases de datos compartidas entre aplicaciones.
- Tareas programadas, colas y procesos nocturnos.
- Certificados, DNS, IP fijas y reglas de firewall.
- Servicios externos: pasarelas de pago, correo, proveedores.
Datos: volumen, sensibilidad y reglas
Registra cuánto pesan los datos, cuánto crecen al mes, qué información es sensible y qué normas aplican a su retención y ubicación. Esto define el tipo de almacenamiento, el cifrado y el tiempo de la ventana de corte.
Una línea base para comparar
Mide cómo funciona todo hoy: uso de CPU y memoria, tiempos de respuesta y horarios pico. Sin esa línea base, después del cambio nadie puede responder con datos si el sistema está mejor o peor.
Decisiones y plan de respaldo
Para cada aplicación, deja por escrito cómo se migra (tal cual, con ajustes o rediseñada), por qué se eligió esa opción y cuál es el plan para volver atrás si algo falla. Esa decisión documentada es la que tu equipo va a consultar dentro de un año.
Cómo se opera después
La migración termina cuando tu equipo puede operar solo. Incluye manuales de operación, monitoreo y alertas, responsables por servicio y etiquetas de costos para que la factura de nube se pueda leer desde el primer mes.
Lista de verificación
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